Desnivel: 504 metros
A la izquierda de la puerta una
señal avisa: Peligro, cantera. Junto a ella arranca una senda;
subimos 40 metros por el barranco y torcemos a la izquierda. Por la senda,
bien marcada, entre hayas y monte bajo, vamos ascendiendo sin dejar de
ver la cantera. Enseguida (15 min.) vemos Viguera detrás nuestro,
metido en una hondonada y Peña Puerta enfrente. Entre bojes nos
vamos acercando a la roca.
En este lugar el agua de los barranquillos que descienden por encima de
las calizas duras del Jurásico se junta, cae en cascada sobre los
yesos del Triásico, mucho más blandos, los erosiona y da
lugar a un salto de 150 metros. Nos encontramos en un punto de extraordinario
interés geológico donde se observa el llamado cabalgamiento
de Cameros.
En estas rocas podemos observar una variada población de aves rupícolas:
colirrojos, chovas, grajillas, palomas y sobre todo muchos buitres y algún
águila real.
La senda corta la roca formando escalones de piedra. Vemos un precioso
valle. Lo vamos a bordear por completo. Bajamos hacia unos corrales arruinados
y llegamos a ellos después de atravesar dos pequeños arroyuelos
que se dan la mano para saltar juntos la Peña.
Después de una empinada cuesta pasamos a un tercer barranco recorrido
por otro riachuelo. Subimos pegados a él siguiendo las sendas marcadas
por los animales, hasta llegar a Fuente Fría. El barranco no lleva
ya agua y un último empujón, después de atravesar
un ancho camino, nos lleva hasta el dolmen de Collado Palomero, situado
en una explanada junto al camino que va a Luezas. Ya que no está
cuidado y restaurado, ¡qué pena no ver ni un solo panel explicativo!
Seguimos hacia el oeste, buscando como referencia el Chozo Blanco, construcción
similar a los guardaviñas del valle... El camino llanea entre prados
salpicados de enebros (“grojos” en Sorzano) y espinos. Si
nos fijamos, poco antes de llegar al Portillo de Los Ladrones, a nuestra
izquierda, vemos un gran menhir tumbado.
Dejamos a nuestra derecha el ¿dolmen? del Portillo de Los Ladrones
y rodeando Cerroyera subimos a su cima por un camino ancho, pedregoso
y de fuerte pendiente. Allí, rodeados de ocho antenas metálicas
y disfrutando de un bello paisaje, almorzamos tranquilos.
Descendemos por un camino empinado y ancho. Allá abajo Viguera
parece un nido blanco entre montañas, en el “Castillo de
Metria”, Cueva Pintada nos mira con su ojo abierto y soleado y ¡cómo
no! La Hermedaña, a lo lejos, no deja de vigilarnos.
El camino sigue con fuerte pendiente unas veces entre hayas y encinas
y otras entre campos abandonados, hasta que volvemos a ver las canteras
que afean el paisaje. Por último la cuesta se suaviza y entre bojes
(“bujos”), describiendo pronunciadas curvas, llegamos a la
cantera.
¡Ojo!, no es recomendable realizar este itinerario en sentido inverso.
Ruta cedida por Goyo, de la Asoc. Amigos de Sorzano
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