11ª Marcha Hoyos de Iregua



Distancia: 31 km
Duración estimada: 9 horas.
Tipo de recorrido: lineal (Villoslada – Venta de Piqueras)
Desnivel: 852 metros
Dificultad: alta (sólo para gente preparada para aguantar una marcha tan larga y con desnivel)

Itinerario:

Salimos de Villoslada por la pista que parte desde la ermita de San Roque. Enseguida abandonamos la pista y continuamos por un sendero de mediana anchura que se adentra en el esbelto pinar. Tras un tramo de suave ascenso, llegamos a una explanada salpicada de pequeños pinos donde se sitúa la Laguna de La Nava.

Continuamos de frente y tomamos una pista que, tras atravesar un paso canadiense, comienza a descender suavemente. En este momento dejamos la pista y tomamos a la derecha un sendero que va por encima de ella. A nuestra izquierda vemos ya Lumbreras y en su parte alta la Ermita de la Torre.

Al rato, cruzamos el arroyo de los Monjes y, tras otro trecho por el frondoso pinar, salimos a una pista y por ella llegamos al vado habilitado para evitar la N-111. Una sendita que circula por la margen izquierda del río Piqueras atraviesa los dos puentes, el viejo y el nuevo. Unos metros más adelante, un pequeño puente de servicio nos permite cambiar de orilla y coger un camino que sube a Lumbreras.

Desde la iglesia, doblamos hacia la derecha para tomar dirección a El Horcajo. Una pista pavimentada pasa junto a los depósitos del agua, el cementerio y unos barracones de ganado antes de llegar a la entrada a la dehesa.

Durante un breve tramo, seguimos el camino a San Andrés, pero cuando nos presentamos ante una bifurcación, abandonamos el camino balizado y, por la izquierda, tomamos una pista que transita entre claros y bosquetes de robles, dirección noreste. La pista va perdiendo su condición y se torna en senda que a tramos se difumina en zonas de praderías.

Tras coronar una ladera más despejada de vegetación, alcanzamos una alambrada. Al poco de cruzarla aparece a nuestra izquierda El Horcajo. Unos cientos de metros más adelante, tomamos un ramal de pista que desciende hacia la aldea.

Bordeamos la iglesia, salimos del caserío por su fuente vieja. La tendencia de vaguada nos lleva hacia el Collado de El Horcajo. Cruzamos una alambrada y ligeramente hacia la derecha seguimos unas rodadas que apenas se intuyen en la hierba, pero que en cuanto alcanzan el pinar se transforman en pista. Poco después, en una majada abierta, giramos hacia la derecha para desembocar en un cortafuegos por el que ascendemos hasta alcanzar la cota de 1.368 metros.

Desde aquí seguimos a la izquierda, transitando por una pista-cortafuegos que baja al Collado de las Mujeres y asciende a la cota de 1.394 metros. Desde este lugar, una pista secundaria se desprende hacia la derecha, a lomos de un serrón que divide aguas entre los barrancos Perrón y Matajones. El descenso nos lleva al amplio cauce del arroyo Cañada Ancha, en el lugar en el que un abrevadero recoge las aguas que le bajan por el barranquillo del Espino.

Afrontamos ahora un tramo verdaderamente hermoso, porque se trata de recorrer durante un buen rato el amplio y fresco valle por el que serpentea el arroyo Cañada Ancha en su viaje hacia el río Piqueras.

Una nueva alambrada se interpone en nuestro camino y, tras ella, penetramos en una zona adehesada que recuerda parajes extremeños. Al encontrarnos con un puentecillo de madera sobre el arroyo, dejamos el curso del valle y tomamos, hacia la izquierda, el camino a San Andrés. Un fuerte repechón nos saca a una portilla y, tras una breve bajada, llegamos a la aldea.

Salimos de San Andrés por la carreterilla de acceso y justamente antes de llegar al cruce con la carretera que sube al puerto de Sancho Leza, cruzamos por debajo de la carretera N-111 y tomamos el sendero de la Vía Romana del Iregua. Siguiendo el cauce del río Piqueras llegaremos al punto donde desagua el arroyo Amén y, siguiendo su valle, comenzaremos la ascensión al Cabezo.

El primer trecho, hasta alcanzar el frente de la repoblación de pinos, sube suave. Pero a partir de aquí salimos a un cortafuegos que asciende con fuerte desnivel hasta llegar a una majada limpia.

Algo más arriba, en el Alto del Tejadillo (1.699 metros), el cortafuegos alivia su pendiente, pasa por el Alto de la Zorrezuela (1.752 metros) y remonta suave hasta que muere en la cota 1.800.

Entre plantas de brezos y arándanos, sendas apenas evidentes nos permiten seguir el ascenso sin excesivos problemas. Un espléndido bosquete de añosos abedules sale a nuestro encuentro justo en el comienzo de un tramo de canchal de grandes bloques. Superado este obstáculo, el último tramo resulta fácil hasta la cumbre.

El Cabezo, libre de todo impedimento que limite la visión, nos brinda una panorámica de primer orden: Cañón de Leza, La Atalaya, Monte Real, Peña Isasa, Lado Frío, Moncayo, Terrazas, Mesa de Cebollera, Urbión, Viniegras, Cabezo del Santo, San Lorenzo, Mojón Alto, San Cristóbal, Serradero y la muga de los Cameros desde el Horquín hasta Cuernosierra, se ofrecen a nuestros ojos con sólo girar sobre los talones.

Para descender, seguimos unos metros en la misma dirección que traíamos. Al topar con la alambrada divisoria de provincias, doblamos hacia la izquierda siguiendo un camino pedregoso y empinado que exige atención. Más abajo, se suaviza la pendiente, entramos en el pinar y salimos a una pista que viene del puerto Piqueras. Ya no resta más que continuar hacia la izquierda el curso de esta pista que se convierte al poco en sendero y que, a lomos de un serrón, baja entre pinos cruzando unos parajes muy atractivos.

Texto y perfil del recorrido extraídos íntegramente del folleto “Hoyos de Iregua. Undécima Marcha”, editado por La Fundación Cajarioja.


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