Peñas de Islallana

LOCALIZACIÓN: Estas peñas se encuentran entre Islallana y Viguera, en la margen derecha del Iregua, por encima del camino o calzada romana que conduce de Nalda a Viguera. Se les llama Peñas de Islallana pero en realidad se les debía de llamar Peñas de Viguera pues todas ellas están en jurisdicción de este pueblo.

TIEMPO: El tiempo que estaremos andando será de unas tres horas. Debemos añadir el empleado en almorzar, ir y volver en coche hasta Islallana, contemplar el paisaje y recorrer Viguera, si nos apetece.

DESNIVEL: 383 m. (desde 560 m. hasta 943 m.)


Nos dirigimos a Islallana y donde terminan las casas del pueblo, bajamos hacia el Río Iregua, lo atravesamos por el puente y seguimos hasta el cruce con el camino de Nalda. Allí dejamos nuestros vehículos.

Un camino ancho y pedregoso sube recto dejando las peñas a nuestra derecha. Al llegar a una pequeña explanada, cerca de una cruz y de una caseta, dejamos el camino y seguimos por la senda que se interna en el pinar. Debajo de los pinos hay abundante musgo (vamos por la cara norte) y eléboros que destacan por su fea flor y su verde pálido.

Pasamos junto a una, dos, tres, casetas. Nos indican por donde baja el agua potable a Islallana. La senda va rodeando las peñas. Al llegar a la tercera caseta, 20 m. más adelante, torcemos a la derecha, dejamos la senda que se dirige hacia el pinar y tomamos la que va derecha hacia las peñas.

Una empinadísima cuesta que nos lleva hasta la cumbre se alza frente a nosotros. Tomamos un respiro antes de subir. A nuestros pies todo el Valle Bajo del Iregua. Sorzano nos hace guiños antes de esconderse detrás de las peñas.

¡¡¡UHF!!!, vaya subidita. Después de un cuarto de hora trepando, Viguera nos saluda a lo lejos entre dos grandes peñas. Esta subida debemos hacerla tranquilos, es la única en todo el recorrido, el resto es bajar o llanear. Vamos haciendo senderismo no carrera pedestre.

A nuestra derecha la cumbre. Subimos a ella y los valientes se acercan con precaución al abismo. Nadie explica nada, la vista lo dice todo. ¡Qué panorama tan espectacular!

Volvemos a la senda que ahora va bajando hasta llegar a un pequeño valle donde hay unas ruinas. Seguimos hacia delante por un terreno de yesos y pelado, hasta llegar a otras ruinas situadas en un pequeño cerro. Desde allí, al frente, vemos el Camino de San Cosme que nos llevará hasta Viguera. A nuestra derecha, debajo de una peña, junto a una fuente, se encuentra la Ermita de San Marcos. Por ahí, si no quisiéramos andar tanto, podríamos bajar hasta el Camino de Nalda y volver rápidamente a donde hemos dejado los coches. Pero hoy seguimos hacia delante.

Bajamos al barranco bordeando el cerro por la derecha y seguimos el camino, más bien senda, que veíamos desde arriba. Este camino, al principio mal marcado, se hace pronto más ancho y cómodo y nos lleva a un portillo donde nos topamos con Viguera. Bajando llegamos a la carretera. Allí tenemos dos opciones: o bien ir al pueblo, atravesarlo y por una senda a la derecha de El Peñueco bajar hacia el Iregua, o bien, unos metros antes de llegar a la carretera torcer a la derecha, saltar una sirga, seguir el camino y por él llegar hasta un puente sobre el Río Madre o Río La Cueva.

Si elegimos la segunda opción hemos llegado a la calzada romana que de Varea se dirigía a Numancia. Un poco más abajo está el Puente Caneco, un puente romano bastante reformado. Seguimos bordeando el Río La Cueva y antes de llegar al Iregua, desde la barandilla de otro puente moderno, contemplamos, en lo alto de la roca, las ruinas del verdadero castillo de Viguera que defendía este paso.

Salvamos el Iregua por un tramo del camino excavado en la roca, sin detenernos por el peligro de desprendimientos, y tranquilamente, por un camino ancho y bordeado de pequeñas y bonitas construcciones, nos dirigimos al punto de partida.

Antes de llegar veremos un vetusto puente medieval que atraviesa el Iregua. Hasta allí, muchos no lo saben, llega la jurisdicción de Sorzano. Enfrente están las Peñas de Berrendo y las Peñas de Islallana o Peñas de Los Moros, que pertenecen también a Sorzano.


El Castillo de Viguera

El castillo de Viguera ocupa una posición prácticamente inexpugnable. Está situado en una escarpada peña flanqueada por los ríos Cueva (o Madre) e Iregua y con la calzada romana a sus pies.

Queda una muralla de 70 m. la cual conseguía cerrar todo el recinto superior. Se conservan pocos restos intramuros. Uno de ellos es la torre vigía, de cuatro metros de diámetro, situada en la cota superior del cerro y asomada al abismo. Otro resto es el aljibe, cuadrado de 4 m. de lado, picado en la roca. No quedan restos de construcciones pero sí restos de acondicionamiento de obras que se asentaron sobre la roca y cauces para conducir el agua.

Este castillo lo citan los textos árabes y cristianos en los siglos VIII, IX y X. Abderramán I lo destruye en la campaña del año 781. Casi cien años más tarde lo reconstruye Lubb ibn Musa. Su hijo Muhammad lo vuelve a reconstruir hacia 883. En 918 es tomado por Sancho Garcés I, rey de Navarra. En 920 es destruido nuevamente por Abderramán III y ya definitivamente lo vuelve a reconquistar Sancho Garcés en el año 923.

Aunque los distintos historiadores no se ponen de acuerdo con la fecha exacta de su conquista, un documento del Archivo Municipal del Ayuntamiento de Sorzano dice: “…En acción de gracias por este triunfo fundó el año siguiente, o sea el 924, el famoso monasterio de Albelda dedicado a San Martín por haber conseguido la victoria el día 11 de noviembre que es la fiesta de dicho santo…”

Ruta y reportaje realizados por Goyo, de la Asoc. de Amigos de Sorzano.